Casa de Fuerza
Reseña patrimonial
Ubicada en el sector industrial de la oficina, la Casa de Fuerza constituía el núcleo energético de Santiago Humberstone. Su funcionamiento se inició a comienzos del siglo XX y estaba destinado a generar y distribuir la energía necesaria para mantener en funcionamiento tanto la planta industrial como los distintos servicios del campamento.
La energía se generaba a partir de grandes motores diésel que funcionaban con petróleo Bunker C. En la Casa de Fuerza operaban dos motores de 330 HP y dos compresores de aire. La energía generada se distribuía a distintos equipos de la planta, como las chancadoras y las bombas de lixiviación, y permitía además disponer de aire comprimido para labores en la Maestranza y de vapor para diversos procesos industriales.
El sistema energético también se extendía más allá de la planta. La electricidad abastecía instalaciones y servicios del campamento, entre ellos la pulpería, el hospital, la piscina, la central telefónica, la casa del administrador, las viviendas de supervisores y el alumbrado de las calles. Asimismo, permitía el funcionamiento del tren eléctrico utilizado para transportar el ripio mediante un sistema de trole o cableado aéreo. Parte de la energía necesaria para el funcionamiento de la oficina se complementaba con el suministro proveniente de la Oficina Salitrera Peña Chica.
El funcionamiento de la planta era supervisado mediante grandes tableros de control construidos en mármol y ebonita, equipados con instrumentos analógicos, relojes de aguja, interruptores y voltímetros.
Arquitectura y características constructivas
La Casa de Fuerza corresponde a un edificio industrial de gran escala, de aproximadamente 500 m². Su estructura es completamente metálica y cuenta con una cubierta y revestimientos de muros en planchas de calamina. El edificio presenta un gran volumen interior entre los motores y la techumbre, característica que permitía disponer del espacio necesario para albergar maquinaria de gran tamaño y favorecer la disipación del calor generado durante su operación. El edificio también cuenta con salas destinadas a los compresores y al almacenamiento de combustible. Las puertas y ventanas presentan marcos y hojas de madera.
En su interior se encuentran dos motores diésel de 330 HP y dos compresores de aire. Actualmente, uno de los motores permanece instalado sobre sus bases, mientras que el segundo presenta aproximadamente un 90 % de desarme. Gran parte del sistema eléctrico original también ha sido desmantelado o sustraído, especialmente en componentes que contenían cobre.
En términos generales, el edificio presenta un buen estado de conservación. Sin embargo, algunos de los tableros de control han sufrido daños y pérdida de material, debido a intervenciones realizadas para extraer parcialmente el mármol de sus estructuras.
Historias de vida pampina
La Casa de Fuerza funcionaba las 24 horas del día, en turnos rotativos, por lo que siempre había maquinistas y operarios encargados de vigilar los motores, controlar la generación de energía y asegurar su distribución a las distintas áreas de Humberstone. El ruido constante de las máquinas formaba parte de la vida cotidiana de la oficina y era conocido por los pampinos como el verdadero “latido” de Humberstone. Cuando los motores se detenían inesperadamente, el silencio era una señal que todos podían reconocer.
El trabajo de los maquinistas requería atención permanente y experiencia. Al caer la tarde, cuando comenzaban a encenderse las luces del campamento, enfrentaban uno de los momentos más exigentes de la jornada: debían “poner en paralelo” los generadores, una maniobra que permitía sumar su potencia y mantener estable el suministro eléctrico. Un error podía provocar una falla y dejar sin energía tanto a la planta industrial y el campamento.
Cuando se producía un apagón, el silencio reemplazaba el zumbido habitual de los motores y la oficina quedaba sumida en la oscuridad. Las familias recurrían entonces a lámparas de carburo, velas o linternas de queroseno. Si la interrupción ocurría durante la noche, las funciones del teatro, las reuniones del Club Sirio o la actividad del hotel se suspendían hasta restablecer el suministro eléctrico.
La electricidad era un recurso limitado y administrado de acuerdo con las necesidades de la oficina. Mientras la energía destinada a los procesos industriales debía mantenerse de manera continua, el suministro destinado a las viviendas estaba disponible en horarios determinados: entre las 5:00 y las 9:00 de la mañana, y entre las 7:00 y las 9:00 de la noche. Así, el trabajo cotidiano de los maquinistas y operarios de la Casa de Fuerza no solo mantenía en funcionamiento la industria, sino la vida diaria de cientos de personas en medio del desierto.
Galería de fotos
Comparte en tus redes sociales:
Proyecto financiado por el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural a través del Fondo de Mejoramiento Integral de Museos.




